DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DEL PARAGUAY
SANTIAGO PEÑA PALACIOS EN LA ONU
24 de Setiembre de 2025
Señora Presidenta de la Asamblea General, Distinguidos Jefes de Estado y de Gobierno, Estimados Ministros de Relaciones Exteriores, Damas y Caballeros:
I. La profunda crisis que enfrentamos
Esta es mi tercera intervención en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Es, sin dudas, un enorme privilegio y honor representar al Paraguay en este magno foro, un país que quizás geográficamente parece pequeño, pero es un gigante en su espíritu y potencialidades.
Por ello, al volar hasta Nueva York desde lejos pensé en empezar este discurso expresando la alegría que siento por tener la oportunidad de contarles las grandes cosas que esperan al Paraguay.
Sin embargo, los sucesos acaecidos en los últimos días hacen que esto sea algo simplemente imposible.
En su lugar, penosamente debo empezar recordando la anécdota del gran historiador alemán Theodor Mommsen, quien, al recibir el Premio Nobel en 1903, pidió a su público que no aplaudiera tras su discurso de aceptación: «Los tiempos», dijo apesadumbrado, «son demasiado graves para eso».
Los años siguientes confirmarían plenamente su intuición.
Creo que exactamente lo mismo puede decirse ahora.
En efecto, en estos días hemos visto que el mal, la ideologización radical, la intolerancia, son desafortunadamente reales, y están enraizados en ciertos sectores de nuestras sociedades.
Todavía estoy conmocionado, y también triste y afligido, por las imágenes chocantes de dos cobardes e incomprensibles atentados políticos. Primero, la intolerancia, el odio, se llevaron la vida de un gran ser humano, Miguel Uribe, el precandidato presidencial colombiano, quien fue asesinado en público durante un recorrido por una plaza. Los fantasmas de la violencia, que pensábamos era cosa del pasado para nuestros hermanos de Colombia. Segundo, vimos que un joven soñador, Charlie Kirk, era miserablemente arrebatado de su esposa y dos hijos por un único pecado: defender sus convicciones y los valores con gran elocuencia y coraje.
Ambos, en lugar de acudir a la violencia para imponer sus ideas, recurrieron al método más cívico y pacífico posible: el debate libre, abierto, franco –sin eludir las posiciones controversiales— pero siempre en el marco del respeto.
La respuesta ominosa, macabra, nos tiene que despertar de nuestro somnoliento estado de complacencia.
Queridos amigos,
Nuestros valores, nuestra forma de vida misma, están en peligro. La idea de la democracia, venerable y genial creación del genio griego que nos permite un modus vivendi pacífico a pesar de nuestras diferencias, se encuentra en riesgo.
Por ello, en tiempos en los que la oscuridad busca apagar la luz, debemos tomar posiciones.
No es tiempo para tímidos, señores: o estamos del lado correcto, de la paz y la razón, o estamos con la violencia y la intolerancia.
Nuestros hijos y nietos no olvidarán que actitud hemos tomado ante el enorme desafío que enfrentamos.
Por eso quiero ser muy claro con ustedes: la violencia política es inmoral, intolerable y profundamente dañina. Debemos rechazarla sin matices. Por eso,digamos alto y fuerte: ¡no al odio, no a la violencia, no al autoritarismo!
No debemos subestimar la gravedad de lo que está ocurriendo. Estos no son casos aislados: son patrones. Y la situación se ha venido agravando ante la mirada impasible de los gobiernos y de los movimientos políticos.
La polarización y el extremismo, antes revelados sutilmente en textos y discursos, hoy se están materializando en actos de violencia reales. Hay una crisis de creencia en las instituciones: los ciudadanos ya no confían.
Nuestra democracia, esa democracia que por décadas ha sido garantía de los derechos más fundamentales del ser humano, personificados en ese magnifico instrumento que es la “Declaración Universal de Derechos Humanos” –imperecedero logro del sistema de Naciones Unidas— está asediada por todos los cuarteles y espectros, tanto por la izquierda como la derecha.
Y esto, señores, puede ser un camino sin retorno.
II. Venezuela y Nicaragua
Esta situación de crisis es el caldo de cultivo perfecto para el autoritarismo. Donde los valores democráticos se erosionan, el autoritarismo–o su perverso hermano gemelo, el populismo – toman su lugar.
Paraguay ve con enorme preocupación las restricciones al ejercicio de derechos fundamentales, como el acceso a la libre información y la libertad de expresión en algunos países hermanos, que ya son demostraciones palpables que la crisis es real y profunda.
Así, lamentablemente, la situación en Venezuela se ha vuelto verdaderamente alarmante.A las violaciones sistemáticas de los derechos humanos y las libertades fundamentales se suman acciones contrarias al derecho internacional y la persecución a líderes políticos.
El proceso electoral de julio de 2024 pisoteóla voluntad del pueblo venezolano.
Siete millones de venezolanos han abandonado su patria –la mayor crisis migratoria en la historia del hemisferio occidental.
En Nicaragua, por otro lado, la persecución a opositores políticos persiste y se expande agresivamente.
La situación de los derechos humanos y las garantías fundamentales es demasiado grave. Han expulsado a órdenes religiosas completas. Han despojado de la nacionalidad a cientos de nicaragüenses cuyo único crimen fue disentir. Incluso la Iglesia Católica es perseguida – algo impensableen América Latina.
Paraguay conoce, mejor que nadie, la calamidad del autoritarismo y la dictadura, pues vivimos el régimen militar más largoen el continente del siglo veinte, cuyas cicatrices aun no cerraron del todo.
Por eso no podemos, ni debemos, permanecer en silencio mientras nuestros hermanos latinoamericanos sufren la misma opresión que ha marcado a fuego nuestro pasado.
La crisis de la democracia, amigos, no se resuelve con mano dura, ni censura, ni autoritarismo, ni mucho menos violencia. Debemos resistir a estos impostores atrayentes.
Las crisis de la democracia, como decía el filósofo italiano Norberto Bobbio, se resuelven de una sola manera: con más democracia.
No con fantoches autoritarios, ni con odio o intolerancia. Debemos responder con más democracia, más república, más tolerancia, más diálogo, más derechos, más libertad.
III. Conflictos armados, colapso de las cadenas de suministro, China
La razón de ser, la esencia de las Naciones Unidas es y será el mantenimiento de la paz. Sin embargo, mientras nos reunimos aquí, más de 120 conflictos armados nos demuestran lo grave que puede ser el fracaso de nuestras instituciones. El Paraguay extiende su solidaridad con todas las víctimas de los conflictos armados y aboga, una vez más, por la resolución pacífica de las controversias.
Resaltohoy, particularmente, la dolorosa situación en Haití.El momento de una acción decidida y coordinada por parte de las Naciones Unidas y, en especial, del Consejo de Seguridad, es ahora; el Paraguay lo sabe y está listo para ayudar al pueblo haitiano, que ya no puede esperar.
Por otro lado, quiero poner de relieve una situación que va más allá de los conflictos armados, pero que reviste la misma gravedad. Enfrentamos una crisis silenciosa pero devastadora: el colapso de las cadenas de suministro globales. La pandemia nos mostró cuán frágiles eran. La guerra en Ucrania las tensó aún más. Y ahora, la fragmentación geopolítica amenaza con romperlas definitivamente.
El mundo necesita urgentemente cadenas de suministro más confiables, más diversificadas, más resilientes. No podemos seguir dependiendo de sistemas que colocan la eficiencia por encima de la seguridad, el costo por encima de la confiabilidad.
Quiero ser claro: no todas las asociaciones comerciales son iguales.
Debemos ser cuidadosos con modelos económicos engañosos que vienen acompañados de autoritarismo político, vigilancia masiva y erosión de libertades fundamentales.
Cuando aceptamos inversiones que comprometen nuestra soberanía, cuando permitimos que nuestra infraestructura crítica dependa de regímenes autoritarios, estamos hipotecando no solo nuestra economía, sino nuestra democracia.
Por eso, abogamos por una integración más profunda entre nuestros países, basada no solo en el comercio, sino en valores compartidos: el Estado de derecho, las libertades individuales, una economía de mercado libre, la defensa de la familia tradicional y el derecho a la vida desde la concepción del ser humano.
Por eso, la política exterior del Paraguay no se basa en puros intereses, sino en esos valores y principios compartidos.
IV. Israel
Por estas razones, el Paraguay no puede ni debe esquivar las realidades que desafían la paz mundial. La prudencia diplomática no puede convertirse en complicidad silenciosa. Es precisamente en estos momentos cuando los principios que nos definen como nación democrática deben traducirse en posiciones claras e inequívocas con sus amigos y aliados.
Paraguay reafirma aquí su posición sin ambigüedades: Israel tiene el derecho legítimo a defenderse.
Los ataques terroristas del 7 de octubre de 2023 contra civiles israelíes fueron actos de barbarie grotescosque ninguna causa puede justificar. Rechazamos cualquier intento de equiparar, sesgadamente, la responsabilidad entre las autoridades democráticamente elegidas de Israel y los líderes del grupo terrorista Hamás.
El antisemitismo, señores, como los hechos diarios lo demuestran, no es un accidente del siglo veinte: está vivo y fuerte. Forma parte de ese ciclo de violencia irracional y de odio del que hablaba al inicio de mis palabras. Debo confesar aquí que nunca he entendido cómo tanta gente ha adoptado esta horrible visión del mundo, dado que el pueblo judío ha dado tanto material, cultural y espiritualmente al mundo. Y, sin embargo, lamentablemente, esta perversión sigue entre nosotros.
La única respuesta es estar alerta: ¡no al odio! ¡Shoah, nunca más!
Es por eso por lo que Paraguay ha sido uno de los primeros países del mundo en designar tanto a Hezbollah como a Hamas como organizaciones terroristas internacionales y siempre ha censurado profundamente sus acciones malvadas. Condeno decididamente a estas organizaciones criminales una vez más hoy ante todos ustedes.
Mi país seguirá oponiéndose a quienes nieguen el valor sagrado de la vida humana, idea fundamental en la visión paraguaya sobre el ser humano.
Hacemos también un llamado urgente para la implementación de una solución que alivie la situación humanitaria en territorio palestino, ponga fin a la violencia y garantice la liberación inmediata de los rehenes, promoviendo un diálogo constructivo que conduzca hacia la convivencia pacífica entre ambos pueblos y sea fuente de una paz duradera en la región del Medio Oriente.
V. Taiwán
La diplomacia principista del Paraguay, basada en convicción y no mera conveniencia, también explica la firmeza moral que tenemos sobre otra democracia que enfrenta amenazas existenciales. La coherencia en la defensa de los valores democráticos no admite geografías selectivas ni cálculos de conveniencia. Los principios, cuando son genuinos, se sostienen por su valor intrínseco, no por su rentabilidad política.
Paraguay mantiene con orgullo 67 años de relaciones diplomáticas con la República de China - Taiwán. Esta amistad, forjada en valores democráticos compartidos, ha demostrado que la cooperación entre naciones puede basarse en más que elmero interés. Seguramente esta decisión nos cuesta mucho económicamente, pero créanme: el valor de hacer lo correcto no tiene precio.
Las crecientes tensiones en el Estrecho de Taiwán nos preocupan profundamente. Los ejercicios militares cada vez más agresivos, las incursiones aéreas constantes, la retórica belicista: todo apunta hacia una escalada peligrosa que podría desestabilizar no solo Asia, sino el orden global entero.
Señoras y señores:
Hay que decirlo sin ser tibios o pusilánimes: Taiwán merece un lugar en este foro.
Es una cuestión de estricta justicia.
Su exclusión del sistema de las Naciones Unidas es una afrenta que debilita la legitimidad de nuestras instituciones. Veintitrés millones de personas decentes, trabajadoras y dignas, no pueden seguir siendo invisibles para el multilateralismo.
Señores, como en otros casos, la cuestión de Taiwán y su estatus internacional también debe, de forma ineludible, ser parte de los debates de esta Asamblea General.
Es hora de cortar de raíz este árbol de injusticia que ya tiene décadas de crecimiento y dar un lugar a China Taiwán en las Naciones Unidas.
VI. Paraguay y su rol como potencia media
Estas posiciones principistas, basadas en convicciones y no en conveniencias, dan al Paraguay algo que es relativamente escaso en estos días: genuina autoridad moral para discutir los problemas que nos aquejan.
En este contexto de crisis global, Paraguay se reafirma como potencia media, con un rol central en la construcción de consensos y en el fortalecimiento del sistema multilateral.
Los hechos respaldan nuestras palabras: Paraguay procede con un característico espíritu constructivo en los debates del sistema multilateral. En línea con este protagonismo activo, actualmente mi país es miembro del Consejo Económico y Social (ECOSOC) y contamos con expertos nacionales en el Tribunal del Mar, el Comité de Derechos Humanos, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes y la Comisión Consultiva en Asuntos Administrativos y de Presupuesto, entre otros. En el período 2026 – 2027, aspiramos a la Presidencia del Buró de la 6ª Comisión de la Asamblea General y asumiremos la responsabilidad de ser miembros de la Comisión de Consolidación de la Paz.
Queridos amigos,
El Paraguay está de pie y listo para tomar su lugar en el concierto de naciones, no como mera voz periférica, sino como verdadero actor protagónico en la búsqueda de soluciones en los problemas globales.
Por eso, el Paraguay acepta y se compromete con los objetivos propuestos en la iniciativa UN80 del Secretario General, los cuales incluyen la búsqueda de mayor eficiencia en la utilización de los recursos existentes, la simplificación de los procesos y la revisión de la implementación de los mandatos.
Por eso, el Paraguay exige la implementación del balance geográfico en la designación del próximo Secretario General, para fortalecer la legitimidad y representatividad de esta Organización.
En dicho proceso, estamos convencidos, debe mirarse a nuestra región, que cuenta con candidaturas que cumplen con los más altos estándares de experiencia, integridad, visión y, sobre todo, liderazgo para generar puentes que nos ayuden a superar los desafíos con impacto global y riesgo sistémico.
Por eso, Paraguay exige la reforma profunda del Consejo de Seguridad, para evitar que se vuelva prescindible dentro de un multilateralismo que precisa dar soluciones a los numerosos conflictos actuales, tanto aquellos entre estados como los causados por actores no estatales.
Por eso, pedimos aquí posiciones más flexibles para que el Consejo de Seguridad vuelva a ser verdaderamente representativoen su membresía y recupere la eficacia en el cumplimiento de su misión.
Por eso, reclamamos la eliminación del veto, lo que dará más legitimidad al organismo y permitirá que la ONU, como organización universal, vuelva a ser protagonista en la determinación de las soluciones a los grandes desafíos que enfrenta nuestro mundo.
VIII. Es posible mirar el futuro con optimismo
Señora Presidenta, distinguidos delegados:
Sé que el panorama que he presentado hasta aquí no es el mejor, incluso es sombrío. Pero he preferido hablar con la verdad, sin rodeos, para no subestimar la gravedad de nuestra situación actual.
Y aún así, optimista de alma como soy, no puedo evitar decirlo: miro al futuro con esperanza.
Como dijo el gran escritor William Faulkner, yo creo que “la humanidad no solo perdurará, sino prevalecerá”.
Con todos nuestros defectos, cuando trabajamos en conjunto, cuando anteponemos la solidaridad sobre los separatismos, el diálogo sobre la violencia, la tolerancia sobre el odio, la humanidad es capaz de grandes cosas.
La construcción del futuro no es posible solo formulando un deseo. La construcción del futuro requiere intención, persistencia, constancia y disciplina. Siempre digo y hoy lo repito: no hay atajos para el desarrollo —solo hay trabajo duro.
Pero las palabras ya no bastan. Nuestros pueblos están hartos de promesas vacías, de declaraciones grandilocuentes que no se traducen en pan sobre la mesa, en seguridad en las calles, en educación para sus hijos. Como en cualquier relación cuya confianza ha sido rota, la clave para recobrarla es mostrar resultados.
La democracia debe demostrar que puede cumplir. Que puede generar prosperidad. Que puede asegurar la justicia. Que puede ofrecer esperanza. Que puede ser una democracia con rostro humano, con contenido social, como la que han defendido los grandes ideólogos de mi nucleación política, como Ignacio A. Pane, Juan León Mallorquín, Fulgencio R. Moreno o Juan León Mallorquín.
Todo esto lo ha venido demostrando mi Partido en función de gobierno del Paraguay en las últimas décadas: de que es posible crecer económicamente con justicia, con democracia y con derechos humanos.
IX. Paraguay: números macroeconómicos, reformas, programas sociales
No lo digo con arrogancia, sino con la humildad que nos caracteriza a los paraguayos. Humildad que nace de una historia de grandeza, pero también de sufrimiento.
Los paraguayos conocemos el eterno ciclo del renacimiento: el surgimiento, la crisis, la tragedia. Hemos tenido que reinventarnos y resurgir de las cenizas. Y en ese noble proceso construimos el Paraguay que hoy, finalmente, está siendo reconocido por lo que es: un gigante que resurge.
Mientras el mundo se tambalea, nosotros estamos construyendo algo diferente. Un modelo que funciona. Un modelo que genera confianza porque genera resultados.
Los números hablan por sí solos:
Tuvimos un crecimiento económico del 5.9% en el primer trimestre de 2025, mientras la región promedia apenas 2%.
Nuestra inflación se encuentra controlada en 4.2%, por debajo del promedio regional.
Avanzamos firmemente hacia la convergencia fiscalpost-pandemia. Nuestro déficit fiscal vuelve al 1.5% en el presupuesto nacional para el próximo año.
Nuestro desempleo cae a mínimos históricos: 5.6% en el primer trimestre de este año.
Pero el crecimiento sin justicia social es vacío. Por eso implementamos programas ambiciosos que están transformando vidas:
Nuestro programa "Hambre Cero en las Escuelas" alimenta diariamente a más de un millón de niños en 7,000 escuelas. "Che Roga Porã" está convirtiendo a miles de familias trabajadoras en propietarias. Por primera vez, el Estado ofrece créditos hipotecarios con cuotas equivalentes al alquiler. Transformamos un gasto mensual en patrimonio familiar.
Resalto que 118,000 personas salieron de la pobreza en un solo año. La pobreza extrema cayó al 4.1%, el nivel más bajo en nuestra historia moderna.
Pero nada de esto sería posible sin instituciones sólidas. Por eso emprendimos reformas audaces:
Impulsamos la Ley del Servicio Civil para profesionalizar la función pública, terminando con décadas de clientelismo.
Con la Ley de Integridad y Transparencia creamos mecanismos reales de control y rendición de cuentas, fortaleciendo a la Contraloría General de la República.
Aprobamos la Ley del Registro Nacional Unificado, una ley que propone una transformación estructural y ordena, luego de más de cien años, la propiedad inmobiliaria en Paraguay.
El resultado: en julio del 2024, Paraguay alcanzó el grado de inversión por primera vez en su historia.
Distinguidos delegados, el modelo paraguayo no es perfecto. Desde luego. Tenemos enormes desafíos y falta mucho. Pero estamos cambiando la realidad.
Estamos demostrando que, hoy, Paraguay no es solo “un país”. Al decir del Presidente de la Federación Internacional de Automovilismo, Mohammed ben Sulayem, Paraguay es “el país”.
Señora Presidenta, distinguidos delegados:
Comencé este discurso con algunas advertencias bastante oscuras sobre el estado de la democracia global y nuestras sociedades. Los tiempos son graves y hay mucho de qué preocuparse.
Pero no quiero terminar con una nota pesimista: un futuro distinto, mejor, más luminoso, es posible.
Depende de nosotros. De todos. De diagnosticar los problemas con valentía, y enfrentarlos con perseverancia y convicción.
El futuro no está predeterminado. El Paraguay es prueba viviente de que, incluso a pesar del caos y la desolación de la guerra, es posible reconstruir.
Es posible compatibilizar la prosperidad con justicia, el crecimiento con sostenibilidad, la apertura con soberanía.
Paraguay está listo, queridos amigos, para ser parte de la solución.
El gigante dormido de Sudamérica ha despertado y resurge con fuerza.
Estamos listos para ser un protagonista central en la lucha por los grandes valores de la humanidad, para ser un actor protagónico en el concierto de las naciones.
Porque creemos en un futuro donde la democracia no solo sobreviva, sino que florezca;
porque creemos en un futuro en el que el desarrollo llegue a todos, no solo a unos pocos;
porque creemos en un futuro donde la cooperación se base en valores compartidos, no en conveniencias;
porque creemos en un futuro donde la confianza se gane con resultados, no con retórica; porque creemos, efectivamente, que la humanidad no solo perdurará, sino que prevalecerá.
Ese futuro distinto es posible. Los paraguayos lo estamos construyendo todos los días.
Los invito a construirlo con nosotros, todos juntos, para dejar un mundo mejor a nuestros hijos y nietos – un mundo con más democracia, con más libertad, con más tolerancia, con más justicia.
Un mundo en el que la esperanza derrote al pesimismo, la luz se imponga sobre la oscuridad, y el bien triunfevictorioso –por siempre y para siempre—sobre el mal.
Muchas gracias.